jueves, 1 de febrero de 2007

Había hecho de su casa, su refugio, su guarida. Nunca se llevó trabajo a casa, la clase de clientes que la frecuentaban eran de los que uno no querría tener jamás de vecinos, ni tan siquiera tropezarse con ellos en la calle, en mas de una ocasión visitó el hospital a causa de algún cliente insatisfecho. Hacía solo dos meses que un marinero coreano la había arrastrado de los pelos por casi dos manzanas tras haberle propinado una brutal paliza, solo porque le pareció ver una sonrisa en la cara de Jane cuando este dejaba al descubierto su raquítico pene.

Vivía sola, como única compañía tenia 2 gatos, pixie y dixie,salvados de un cliente que se dirigía a arrojarlos al río en un saco y decidió hacer una parada al verla trabajar la calle, por supuesto nada de esto me lo contó ella, me enteraría mas adelante.

Allí me encontraba, a las puertas de su casa, había sido nombrado su albacea testamentario y debía hacer cumplir su última voluntad. Así me lo había notificado el juez, tras la apertura del testamento. Me habían entregado una copia del testamento, las llaves de su casa y una carpeta de documentos a la que aun no había podido echar un ojo. No era algo que me entusiasmase hacer, al fin y al cabo, ¿cuan importante podría ser la ultima voluntad de una fulana?. Pero habiendo sido su único "amigo" me veía en la obligación de hacer cumplir sus últimos deseos.

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