Su diminuta cabeza colgaba balanceándose al final de la cuerda, sus facciones que en algún momento debieron ser delicadas se mostraban abotargadas y su piel, ahora color añil, dejaba entrever la dureza con que le había tratado la vida.
Se hacía llamar jane, pero dudo mucho que ese fuera su verdadero nombre. Solía encontrármela en el bar de Fredy y aunque tenia por costumbre hablar poco, una lección que la vida se había encargado de enseñarle a golpes, por alguna extraña razón conmigo se mostraba abierta. Imagino que para ella fui lo más parecido a el amigo que nunca tuvo. Jamás me dijo a que se dedicaba, aunque era conocido por todos que ejercía la prostitución para sobrevivir, nunca se me insinuó, yo era su válvula de escape y el estar conmigo traía a su miserable vida un poco de normalidad.
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